Se sabe que la práctica de Mindfulness representada por los dos principales protocolos de intervención desarrollados el programa : mindfulness based stress reduction y el programa : mindfulness based cognitive therapy aumentan la compasión. En estos programas nos enseñan específicamente compasión, pero se envían mensajes implícitos sobre la importancia de ser compasivo y amable con uno mismo y sus procesos mentales cuando se habla de la actitud compasiva, elemento que es nuclear en la práctica del mindfulness. Sin embargo cuando se asocian las dos intervenciones, la terapia de compasión le aporta el mindfulness la conjugación con los procesos mentales que están detrás del compromiso social de intentar que el mundo sea mejor, y del compromiso individual de establecer vínculos de apego y afecto cuando estamos sufriendo. La compasión es un concepto más amplio que el de Mindfulness y, de hecho, los estudios apuntan a la posibilidad de que sea un tratamiento más efectivo que el mindfulness en algunas patologías específicas, como por ejemplo la depresión , y en trastornos relacionados con la autoimagen, la culpa y la autocrítica, además de en las intervenciones centradas en aumentar el bienestar psicológico y corporal en sujetos sanos.
Centrándonos en la psicobiología que da pie al mindfulness y la compasión, existen grandes diferencias entre ambas prácticas. Mientras que los procesos mentales, más vinculados al mindfulness generan una forma de metacognición y regulación de la atención relacionada con la actividad de las regiones medias prefrontales y es por tanto un logro evolutivo reciente la compasión es mucho más ancestral, y va ligada al sistema de cuidado de los mamíferos. Involucra a sustancias como la oxitocina y otras hormonas relacionadas con el sentimiento de apego seguro, y también a sistemas y redes neuronales vinculadas al amor a la afiliación y al afecto por uno mismo.
El objetivo del mindfulness con compasión es: tomar conciencia de la experiencia real y aceptar su naturaleza. Reconfortar al sujeto ante el sufrimiento, entendiendo que el dolor primario es consustancial al ser humano. Aceptar el malestar del sujeto, no olvidándose de sus necesidades, centrándose exclusivamente en la experiencia. Eventual ausencia de motivación y actitud ética y compasiva hacia uno mismo y hacia el mundo. no aceptar la experiencia del sufrimiento primario que signifique y consustancial a la naturaleza humana. no centrarse en el aquí y él ahora, en la naturaleza real de las cosas y centrarse exclusivamente en buscar sentirse mejor a partir de hoy de cara al futuro.
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